domingo, 19 de octubre de 2008

Vivir en la ilegalidad. ¿Hay opciones?

Otra vez tomo la palabra escrita para tratar de entender las situaciones que se presentan en nuestro país. Esta vez porque me pareció interesante el cubrimiento que los "especiales de Pirri" (ya saben, el presentador que tanto critica sin tapujos) acerca de los "combos" en la ciudad de Medellín, grupos de amigos que se han unido a estructuras más grandes y actualmente representan un medio de defensa en algunos barrios y comunas donde la ilegalidad es pan de cada día.

Realmente no debería ser tan ajena la ilegalidad en nuestro país ya que en muchas familias es común no pagar algún servicio, ya sea agua, luz o hasta televisión. Un ejemplo más de los estudiantes de sistemas que somos, ¿cuántos tienen un SO de la casa Microsoft por el que no han pagado? Aunque el intercambio de software es un tema muy largo y requiere más de un post y más de 100 comentarios bien sustentados, quería usarlo de ejemplo.

Ahora bien, estos jóvenes vivieron en la ilegalidad durante el gobierno clandestino de Pablo Escobar, tiempo en el que aprendieron no sólo a matar para sobrevivir, sino a comerciar con estupefacientes y a ser reservados y territoriales. Incluso si en los días actuales estos jóvenes no tienen relación alguna con el mundo del narcotráfico sí lo tienen que ver con la defensa de sus "territorios", ya que con la aparición de las milicias urbanas de varias ciudades se presentan también algunas injusticias, abusos de poder, actos de vandalismo y sabotaje, un impresionante tráfico de armas, y muchos muertos. ¿Desde hace cuánto existen las peleas entre hermanos, donde uno muere asesinado por el otro? Si hasta en la Biblia, una de las primeras historias que uno se encuentra es la de Caín y Abel que casi todo el mundo conoce. Pero esa no es razón para seguir repitiendo la historia una y otra vez. La idea es aprender algo y seguir adelante. Estos jóvenes, en la mayoría de los casos, han crecido juntos y se han criado como hermanos, pero por unirse unos a un bando o a otro, o por el hecho de cobrar venganzas por cada acción que un grupo realiza contra las personas de la comunidad, se amenazan, se excluyen, se aislan y se matan entre sí. ¿Qué los ha llevado a dejar de lado todo lo compartido para convertirse en enemigos a muerte?

En parte el problema viene de la cultura de violencia en la que se han criado estas personas: no conocen otras formas de vivir, de trabajar o incluso de relacionarse. Se ha arraigado tanto la idea de que todos los demás son enemigos que hay casos en que no hay confianza entre los miembros de un combo o entre los habitantes de la misma comunidad. Se presentan intrigas y dudas acerca de la lealtad de unos y otros y, al final, muchas tragedias pueden ser causadas por relacionarse con la persona que no gustaba al parche, por disfrutar de una rumba con la prima del mandamás, o por dejar en claro que no se quiere seguir participando de esa guerra urbana. A estos individuos se les considera traidores o desertores de las filas y se les castiga con la muerte, a veces de un familiar, o a veces con la propia. ¿Y qué puede hacer el gobierno para enfrentar una situación tan delicada como es el bienestar de sus ciudadanos? Exacto: sacar novelas que enseñen a los jóvenes cómo es la vida de los ilegales, de aquellos capos, mafiosos o traficantes de droga, de los oficiales corruptos o incluso de las leyes torcidas a los que aspiran convertirse. ¿Cómo es posible que la Comisión Nacional de Televisión permita semejante "tributo" a la ilegalidad? (Si alguien no la ha captado considérese afortunado de no haber visto lo último en "televisión de calidad" en "horario familiar").

El dinero, la promesa de una vida llena de placeres, el vicio, y la necesidad de defenderse de "los enemigos", son algunas de las excusas que muchos jóvenes usan para justificar sus actos ilegales, e incluso para mantener a otros como ellos dentro del mismo juego. Pero esas son sólo otras palabras para describir las consecuencias de la falta de oportunidades, de educación de calidad y el acceso adecuado a la misma, la degradación de la familia colombiana a núcleos de mano de obra barata donde hasta los más pequeños deben trabajar para sobrevivir, la vista gorda que se da el gobierno ante estos problemas y los espectáculos que monta para distraernos de las verdaderas causas. No por nada las noticias económicas en los noticieros nacionales fueron recortadas en tiempo durante la crisis financiera en las bolsas de todo el mundo, para darle paso a las protestas en contra de un padre que cometió filicidio. La discusión debe darse sobre temas como ese, pero no debe nublar los demás temas que falta por discutir y que seguramente tienen mucho que ver con ese.

La situación se ve agravada por el hecho de que estos jóvenes, conforme pasa el tiempo, optan más y más por resolver sus problemas usando las armas que consiguen y menos usando sus capacidades creativas y de negociación. La cantidad de talentos que seguramente encontraríamos en las filas de estas organizaciones, desperdiciando la oportunidad de descubrir sus capacidades como artistas, ingenieros, abogados, médicos y maestros de la paz, y todo porque se han acostumbrado a resolver por vías violentas todos sus problemas. Ya no se trata de acudir a la policía para denunciar un robo o cualquier otra injusticia penalizada por la ley y asegurar una investigación, un juicio y una condena, sino de tomar la justicia por las armas y cometer asesinatos que, a la larga, provocarán más venganzas, inseguridad, temores y más asesinatos. El temor a ser baleados es lo que mueve a muchos de estos jóvenes a disparar primero y correr después, sin importar qué tan amigos, primos o padres de familia sean aquellos que reciben las balas. Pareciera no haber otra opción. En las calles de estas comunas es matar o morir.

Como mencionaba anteriormente, es el estilo de vida al que se han acostumbrado, no conocen otra opción de vida, y las personas viven con miedo permanente a salir a la calle, a estar fuera de casa en un horario que no sea el que les han permitido e incluso hablar con quienes no les han dado permiso. ¿Acaso es tener opción el tener que escoger entre la vida y la muerte? Para estas personas, no lo es.

Aunque la situación es preocupante, no todo está perdido. Mientras haya esfuerzos, de parte de la Oficina de Paz y Reconciliación o de cualquier otro grupo, por conseguir la paz, la desmovilización, la entrega de las armas de fuego, y una vida digna para estas personas, habrá posibilidad de conseguir tranquilidad para los habitantes de las comunas, convivencia entre aquellos quienes alguna vez fueran enemigos, e incluso la paz que tanto requiere Colombia para prosperar, y esto se logrará con el esfuerzo de todos los colombianos, participantes o no en el conflicto armado. Si empezamos a mostrarles otras opciones viables, si en lugar de enseñarles a matar les enseñamos a convivir, en lugar de pelear a resolver las diferencias por las vías del diálogo, a desarrollar una verdadera cultura ciudadana que les brinde un futuro mejor que el infierno que tienen ahora, seguramente la cultura de la ilegalidad en Colombia sufrirá una reducción que dejará por fin dormir en paz a los habitantes de las ciudades y, muy especialmente, a los habitantes de estas comunas.

¿Que si queda inmune una buena parte de los crímenes que hay ahora quedan impunes estaremos dando aval a la ilegalidad? Yo respondo con dos palabras: Perdón y Redención. Hay madres que han perdido a sus hijos en manos de delincuentes comunes y que aún así tienen la capacidad de perdonar al asesino de su hijo y enseñarles algo mejor, darles un futuro digno por el cual redimirse. Si aquellos actores del conflicto realmente desean cambiar para bien, por mí no habrá problema en perdonar muchas de las cosas que han hecho en el pasado. No quisiera ver una venganza contra nadie, no quiero que se siga alimentando ese círculo vicioso en el que han caído los actores de este conflicto. Quiero mirar hacia adelante y que dejen atrás su pasado, sus actos ilegales, y que se conviertan en una fuerza renovadora y útil a nuestra sociedad.

1 comentario:

guillermogaertner dijo...

Muy interesante su comentario.

GAG